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Una confesión antes de mis 30 TL;DR

23 de abril de 2026 10 min read

Llevo toda mi vida mostrando una fachada que, para algunos, es un tanto familiar, pero creo que para la gran mayoría probablemente no. Y es que a pesar de los resultados obtenidos, especialmente en la última década, debo confesar que siempre dudé de mí mismo, aunque pueda denotar un vago impulso e ilusión de ‘hacerme el canchero’, la realidad es que nunca pude encarar la vida con la confianza que algún día espero tener.

Llevo toda una vida que por azares del destino tuve mucha suerte y me ha llevado a tener que transitar cada paso que he dado.

Cada paso no lo sentí natural, cada paso costó y me costó mucho, y no importa cómo lo vean desde afuera, dado que la naturalidad aparente, a veces, fue un simple ‘fake it, until you make it’ (finje hasta que lo logres).

Escribo esto porque creo que tal vez a algunas personas les sea de ayuda, y también porque una persona especial me dijo: ‘Tengo una tarea para vos; necesito que escribas; no dejes de escribir.’ Así que si estás leyendo esto, gracias.

Contexto

Existen 2 características que probablemente son relevantes, la primera es nacer en Bolivia, y la segunda es haber nacido en clase media.

El nacer aquí te da 2 cosas en la mayoría de las familias: una falta de confianza tremenda, porque no solo la vida tiene tintes de dificultades altas, tenés que bancarte el ver a la mayoría de las personas vivir si apenas, en rangos relativos de pobreza, sino que también tenés que lidiar con una mediocridad altísima. Estamos tan acostumbrados a ni siquiera intentar algo porque las chances de que no se pueda ganar son altas, tener que trabajar tanto que apenas tenés el tiempo de mejorar lo que sabés, no saben qué frustrante fue escuchar la frase ‘no hay plata’.

En Bolivia, muchas veces, ya naces con pesimismos arraigados, antes de tu saber siquiera su significado. Esto es muy triste, pero es una realidad en la que muchos viven desde temprano.

Al mismo tiempo, hay una dicotomía, entre ser boliviano y es el ser cruceño, y es que para las personas que no saben, Santa Cruz tiene una cultura diferente a la mayoría de Bolivia, y es que sí se nota que hay una sociedad que sí tiene más convicción en sí mismo, el problema, es que esto te genera una falsa sensación, es decir, abunda confianza, sin de hecho merecerla. Esto, desde luego lo entendí muy rápido en el entorno y ver a la gente fracasar por esto, pero voy a hablar en otro capítulo sobre esto.

Es natural que al vivir estas experiencias tengan repercusiones enormes, las cuales la he ido calibrando conforme el tiempo, gracias a personas muy cercanas, (mis padres, que siempre me apoyaron en mis decisiones) como personas que se convirtieron en inspiración o un conducto para que el miedo no me consuma con la voracidad que manda.

Me causa una intriga total cuando escucho a algunos compañeros del colegio decir: ‘Nahim era muy bueno en matemáticas, en general, en casi todas las materias’ — ¿lo era?

Verás, en mi cabeza nunca fue así, erraba mucho en procesos, no podía concentrarme muy bien, tampoco fui ‘destacado’, sí, probablemente no estaba entre los resagados, pero no era alguien que demostraba una destreza irrefutable. Pero mi percepción no puede estar tan disasociada de la realidad, ¿no? o tal vez sí? Quiero responder con una historia que hasta el día de hoy me genera mucha emoción.

Una conversación en la plaza

El 2014 fue un año cargado de emociones para mí, me gradué del bachillerato, viajé por primera vez a un lugar muy lejos, tuve mi primera relación sentimental, tenía que determinar qué iba a estudiar. Y en todo este bagaje de sentimientos recuerdo sentarme en la plaza con un amigo muy cercano, yo diría una de las 3 personas más cercanas a mí en ese momento, pero que inicialmente al entrar al colegio me trató muy mal, recuerdo sentir en carne viva cierto ‘desprecio’ por su persona, un tanto infundado, yo nunca entendí por qué yo no era de su agrado hasta ese día.

Yo estaba pasando un mal rato de amores de adolescente, que para una persona de 16 años, lo entenderá que es ‘todo’.

Recuerdo contar mi ‘penosa’ situación con mucha emoción al mismo tiempo, escuchándome atento porque se había convertido en una persona bastante empática. En ese momento se levantó y cortando la conversación me miró y me dijo: ‘¿Sabes por qué era injusto con vos y te odiaba?’ — lo miré y le pregunté con mucha curiosidad — ¿Por qué?

  • ‘Porque cuando vos llegaste, todos quisieron ser tus amigos, no tuviste problemas de encajar, a mí me dio tanta rabia que simplemente fue tan fácil para vos, ¿por qué fue tan fácil para vos y para mí no?’

En ese momento respondí — ‘Pero, vos tenés idea cuánto me costó encajar?’

Cuando entré al nuevo colegio, me costó horrores encajar, sentía que estaba entrando a un lugar donde todos los grupos ya estaban consolidados, donde yo era el ‘nuevo’ integrante y no tenía absolutamente nada para ofrecer. Pero un poco más que eso, porque en SCZ, hay algo muy latente que es ‘diferencia de clases’ y está muy proliferado específicamente en los colegios, es decir, existen colegios privados y colegios públicos. Pero dentro de ese cúmulo de ‘Colegios privados’ hay subcategorías, dentro de las cuales vos encontrás diferencias socio-económicas importantes, el cual está estigmatizado muy fuerte, es decir, tu colegio, en definitiva, determina tu estatus social, lo que para Santa Cruz (y lo digo con tristeza) es importantísimo.

Por qué esto es relevante? — pues yo me había cambiado de colegio de un colegio de ‘clase media’ a un colegio de clase alta / semi-alta, en consecuencia tenía que forzarme a encajar no solamente en un lugar que ya sentía que estaba ocupado sino que también no pertenecía.

Durante meses tuve que enfocarme muchísimo en demostrar que no necesitaba probar nada.

Pero en el fondo siempre resonaba: ‘¿Realmente estoy en el lugar correcto?’ Miro atrás y a pesar de que todo ha cambiado, aún siento la presión de demostrar que era alguien quien en realidad no era.

Tenía todas las presiones del mundo jugando en contra de mí. Casi siempre tuve que demostrarle al mundo de qué soy capaz, levantarme y fingir que sé exactamente lo que estoy haciendo, aunque por dentro no es así.

Me costó encajar en casi todo, en el fútbol, en la familia, en las ideas, en la universidad, en los trabajos. Siempre fui así; fui naturalmente alguien que dudaba hasta de su propia memoria.

‘Tengo un miedo, muy grande, interno, de que descubran que en realidad soy un fraude.’

Un golpe de suerte ?

A pesar de todos los quilombos y crisis de una persona corriente, me las ingenié de alguna manera para ir avanzando en la vida prematuramente aparentemente demostrando cierta ‘facilidad’, que de natural no tenía mucho, pero sí en definitiva hubo algunas historias que hacían que de hecho subconscientemente me creyera que a lo mejor tal vez, no era un fraude.

Las matemáticas y yo

Mi relación con las matemáticas no era perniciosa, pero tampoco era ideal, es decir, tenía que prestar mucha atención si quería obtener resultados positivos, pero estaba lejos de ser perfecta.

En los últimos años de colegio tuve una profesora muy particular, de la cual he hecho mención un par de veces, pero revisitar estas 2 historias en particular también:

Un día normal, luego de un examen, dado que ella revisaba finamente los procedimientos de uno de los muchos exámenes, me pidió que me acercara para explicarme cómo me había ido, con mucha paciencia me dijo:

‘Terrazas, tienes un error de cálculo, mirá, he observado que siempre tienes el mismo problema, te equivocas en los detalles pero nunca en los procedimientos, claramente entendes a la perfección cómo resolver los problemas, esto es lo más importante.’

Ingenuo para algunos, peor no para mí, sus palabras significaban que tal vez, sólo tal vez, sí tenía algo que era particular, pero lo interesante vendría después:

Recuerdo atender una clase de geometría, en la cual, ella estaba explicando cómo obtener el perimetro de cierta figura, mientras yo sostenía el libro escrito por ella, el cual tenía algunos puntos relacionados a la misma geometría, donde implicitamente mencionaban premisas con las cuales podías obtener el mismos resultado, es decir, podias sacar el perimetro de otra manera, entonces levante la mano y di mi opinión, obviamente con muchisima duda, pero, creo que en la vida a veces esta bien pasar un poco de verguenza si es necesario, y así que me arriesgué.

Ella respondió con un poco de asombro y con duda, y me dijo: ‘Pues, si esa observación es correcta, calcula el resultado’, y de nuevo, con incertidumbre, traté de demostrar con ecuaciones el resultado. Mientras eso pasaba, ella también estaba tratando de obtener el resultado en base a mi premisa, para mi sorpresa, ella se levantó y me dijo:

‘Lo que Nahim dijo es correcto; llegó a una conclusión con base en analizar datos. Esto es lo que yo desearía que hagan todos los días. Esto es el único resultado que yo deseo para ustedes.’

No lo sabía, pero en ese momento, conectando los puntos, mi vida cambió para siempre, fue mi pequeña gran victoria, que conllevaba un mensaje poderoso: ‘Resolver ciertos problemas era tal vez un poco más fácil para mí que para otros’, mi vida comenzó a tener otro tono ese día, alguien que respetaba me dijo que yo era talentoso, ¿yo? ¿Qué era muy bueno? Y sí, fue difícil entenderlo. De cualquier manera, en cierta medida me agarré de esa idea, para poner en jaque una parte de mi vida, creo que tal vez puede que haya algo ahí que pueda ser para mí.

La Universidad — cambio de banda

Al terminar el colegio, la figura cambia por completo, ya no podias dejarte llevar por la corriente y tener resultados ‘ok’, sino que dependia 100% de vos, y consecuentemente, tenia tanto miedo de fallar, que para mi entender los conceptos se volvio una suerte de obsesion, para mi era obligatorio saber donde estaba pisando, y si asi, el miedo a sentir que los demas la tienen mas clara que yo, hizo que yo me desespere por estudiar.

Allí descubrí algo valioso, también impulsado por los hallazgos de mi profesora: con miedo y asombro, pude notar que, todo tenía un patrón, entender abstracciones no se me hacía tan difícil, a pesar de ser distraído y chocarme contra la pared muchas veces, necesitaba minutos de concentración.

La universidad me dio ese espacio donde me era permitido fallar, medir olguras, entender que hacer cosas estaba muy divertido y que crear era un hobby generalmente sin consecuencias.

Y así, en la universidad mi miedo de ser un fraude disminuyó considerablemente, lentamente, el ser ‘Nahim’ y cuestionarme las cosas, en realidad se convertiría en una gran ventaja, aún, bajo mucha presión que disminuiría con el tiempo, recuerdo tener tanto miedo a no entender algo que para mí era sagrado entender el 80% de cualquier concepto que sea dictado, si no lo entendía, lo revisaba.

El trabajar como un condenado, en sentarme y ensayar me hacía sentir vivo, porque sabía que por lo menos me alejaba más de lo que no quería ser, de ese ‘impostor’ que no quería ser.

Voces ajenas

Al finalizar la universidad, tomé otro riesgo más, renuncié a un trabajo de 7 años porque ya no me sentía que pertenecía ahí, que tal vez había algo más afuera, y sí, en definitiva esto me dio espacio a muchas más cosas y sobre todo conocer otras voces, en los próximos años, yo sería prácticamente el único boliviano de 3 empresas, y conocer gente de otro lugar, es muy enriquecedor, esa voz que al comienso no te es tan familiar pero que te van aclarando muchas cosas, y tambien me dio ese abrazo de confianza, sobre todo quiero hablar de mis amigos Argentinos, porque ellos tienen algo muy particular, generalmente tienen mas confianza que el resto de los latinoamericanos.

Hay 2 frases que nunca voy a olvidar:

Una nace en una situación donde yo estaba comenzando a trabajar de forma remota por primera vez, tenía un colega que ya tenía un par de años más que yo, y en algún momento comenzamos a hablar de números en relación del mercado laboral, él ya sabía cómo yo trabajaba, y me preguntó cuánto es la escala de salarios que aproximadamente yo estaba, ahí fue cuando él se detuvo y me dijo:

‘Che, vos tenes idea cuanto vales, no?’

Creo que es muy difícil, calibrarse bien en todos los términos, lastimosamente, en la vida necesitamos hacer esto porque de eso depende mucho nuestro estilo de vida, saber cuánto vales en todos los términos, especialmente en el humano es esencial.

Años más tarde, estaría trabajando en una corporación bastante grande, en la cual era habitual proponer tus soluciones con otros equipos, para ese entonces yo ya había alcanzado cierta confianza de parte de mi manager, pero casi siempre con cautela, no me gustaba proponer ideas cuando no me sentía totalmente convencido, aunque tal vez era favorable, un día él me mandó una llamada y me dijo:

Necesito que hables más, que no te dejes llevar por las ideas de otros, que tengas más confianza en vos mismo, vos lo haces muy bien, ya tenés la potestad de imponer tus ideas.

Sí, tenía razón, prefería callarme generalmente a hablar cuando en realidad no tenía mucho que perder, es muy difícil hablar con convicción, y tal vez es algo que me va a seguir constando, de nuevo siempre converge en la maraña de sentimientos que me hacían pensar que no estaba preparado.

Con el tiempo también aprendí que tal vez este sentimiento no era tan pernicioso, por el contrario, me hacía tomar mejores decisiones, que sentirme frustrado me obligaba a tratar de entender todo y no simplemente surfar las superficies, a lo mejor tomar las cosas con más seriedad para no quedarme tan desconectado, generalmente utilicé mis miedos para fortalecerme. El miedo tiene que ser tu amigo.

Y esta historia, tan larga de mirar al cielo y sorprenderme, de sentir miedo, pero a la vez sentir curiosidad, pero sentirme solo, pero querer ser especial, pero no querer estar aislado, y todo eso tan humano que siento fue la precursora de por lo menos haberme dado una vida, que a mi parecer, hasta ahora ha valido la pena vivir.

Si tuviera que escoger de nuevo, elegiría de nuevo ser yo y elegiría de nuevo sentirme Nahim, el Nahim que no siempre estaba seguro de las respuestas, el Nahim que en realidad no está seguro de ser la persona que todos perciben, el Nahim que convirtió sus frustraciones en fundamentos.

Barcelona, 23 de abril de 2026

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